Conocer gente nueva, crear nuevas relaciones amistosas y hasta encontrar un nuevo romance es hasta ahora una posibilidad diaria en nuestra vida sobre todo si se cuenta con un elemento primordial: vivir en la Ciudad de México.
Esta mítica urbe, que reacomoda valores patrióticos, conglomera a 20 millones de cabezas y recuerda la esencia de lo que realmente significa nacer y vivir en este país, es la base perfecta para la creación de redes sociales y casi un ejemplo para el mundo entero.
En un lugar donde el ir y venir de los autos, hombres, mujeres y niños es como el vaivén del péndulo de un reloj en constante movimiento, nada menos se podría esperar de esa peculiar manera de establecer los lazos de convivencia y supervivencia entre toda la masa urbanística.
Hace poco, platicaba con un periodista argentino quien comentaba su sorpresa cuando tuvo el “placer” de conocer casi a fondo a la empresa Telmex. El ‘ché’ describía con un tono de hastío y turbación lo que le había pasado: “cada viernes voy a Teléfonos de México para ver cuándo me van a poner la red de internet, y siempre me dicen que el lunes… han pasado así dos meses”. “Lo que pasa es que no te han dicho qué lunes”, contestó un compañero.
Coincidimos pues, en esa forma peculiar del mexicano en crear redes de convivencia, ya que el argentino ahora conoce bien las instalaciones de Telmex, conoce al guardia, a los empleados, al que vende dulces y café, los saluda en cada visita y comentan un poco de sus vidas. “Cierto, ya los saludo y platicamos, parece una forma de hacer amigos aquí”.
Ese es un claro ejemplo de la singular manera mexicana de establecer las relaciones públicas.
Pero no sólo eso. El Distrito Federal tiene bases profundas para hacernos pensar y sostenernos en que es idílica para el estudio de un nuevo modelo moderno.
La hasta hace poco la ciudad más grande del mundo y uno de los lugares (después del país vecino del norte) donde se produce comida más engordativa, tiene una característica especial que hace crear lazos amistosos: es una urbe por naturaleza desordenada.
Con estos factores primordiales, vemos cómo hay verdaderas razones para argumentar que la Ciudad de México (entendiéndose como el corazón de todo el país) es una líder al menos en este rubro de las relaciones humanas.
Y es que, a parte de la ineficiencia de algunas empresas magnas y oficinas gubernamentales que provocan la creación de redes sociales como el caso del argentino; existen otros casos sencillos con una posibilidad profunda de su estudio.
Entre ellos, las relaciones humanas que se establecen en un día entre semana, a las denominadas horas pico. Los gritos, recordatorios a las madres, saludos con un dedo mayor de la mano, y caricias a otros automóviles por medio del ruido de un claxon desesperado, es un escenario típico de convivencia sana mexicana ¿o no? El desorden propio de las calles defeñas y el humor del centromexicano explotan por lo menos tres veces al día en todos los puntos de los más de mil 500 kilómetros cuadrados que abarcan la urbe donde se concentra el 23% de la población del país.
Así es como además otra cualidad de esta forma de convivencia urbana atrapada en el tráfico, es la posibilidad del individuo de poder hacer un saqueo extremo de energías y explotar su tensión al máximo… porque como se dice, todo lo que sube tiene que bajar, de modo que el aventar frases cordiales de palabras altisonantes a los demás conductores, y tronar casi el claxon como si así fueran a salirle alas al coche, tiene que desencadenar en algún momento al final de la travesía un descanso emocional (a veces innotable) a manera de un orgasmo después del estrés por haber atravesado el tráfico vehicular capitalino.
Por otra parte, los transeúntes también tienen la oportunidad de despertar su capacidad de relacionarse al caminar por cualquiera de las calles donde nunca encontrará silencio. Donde los vendedores que van desde ofertadores de tacos hasta rastrillos, nunca dejan espacio libre en la recepción de sonidos del cuerpo humano para no enaltecerse con revelar su presencia entre gritos de “¡cinco tacos por 10 pesos!” o “pásele ‘güerita’ ¿qué le damos?” (por alguna extraña razón, en el D.F. predominan las morenas pero los vendedores tienden a observarlas más claras de lo humanamente visible).
Y si esto es poco, la Ciudad de México también resulta una buena receta para aquellas personas que tienen su “bubble” demasiado grande, (entendiendo a este término, como la burbuja invisible que rodea al individuo y que no le permite tener un contacto físico con las demás personas por alguna condición cultural, emocional o genética). Para combatir este problema, sólo basta con transportarse algún día en metro, en las horas “pico” o en metrobús, sin dejar de lado las opciones de un microbús o cualquier otro transporte público. En tales circunstancias, la ‘bubble’ suele volverse inexistente después de que uno mismo puede cerciorarse de que el codo de alguien más está insertado en nuestro abdomen, mientras que la respiración de otro es el ventilador directo a nuestro rostro, al igual que las caderas de alguien son el sostén de las propias para no desfallecer en la inercia del parar y avanzar de la unidad… ¡Mera estrategia mexicana para acabar con los prejuicios de acercarnos a los otros y olvidar ese temor al contacto físico! ¡Singular e innovadora herramienta moderna de establecer vínculos con los otros!
Estos tres casos, muestran de forma clara algunas estrategias creadas por alguna mente superior mexicana para que nunca nos sintamos solos, olvidados o rechazados. Para que estemos en permanente interacción y constante encuentro con las caras de los demás que al igual que tú buscan sobrevivir, y al igual que tú encuentran en las distintas formas de vivir una oportunidad para estrechar las relaciones personales.
Estos son los ‘modus vivendus’ dentro de la forma de convivencia-supervivencia del defeño al menos del común, al menos del 70% que representa a la clase baja y media de la ciudad, que se ve en constante encuentro con el sistema de creación de redes de relaciones humanas.
Así, la forma de interrelación constante es la clave para sobrevivir en un espacio donde 20 millones de personas se conglomeran para luchar entre las caras desconocidas, y los sinsabores de conocer la soledad y la convivencia con un concepto distinto.
Así, es como la Ciudad de México resulta ser un anecdotario de situaciones, y la receta ideal para quienes teman a la vinculación personal con los demás, a la creación original e innovadora de redes sociales, y al reto diario y espeso de poder vivir y entender la esencia del hombre y del ser mexicano que habita creciendo hacia arriba en el corazón del país: la Ciudad de México.
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2 comments:
insisto ¿a qué veniste a la Ciudad de México para el curso de periodismo? ya lo tienes todo, poder de observación, redacción y facilidad de atrapar al lector con tus escritos... has captado mucho de la escencia del DF, algo que muchos de los que vivimos aquí no nos damos ya cuenta pero que alguien de fuera, puede entregarse a la tarea de vivirlo conscientemente...
saludos...
Guau! iba a preguntar que estudiabas y ya me contestó este chico...
Y estoy de acuerdo con él... tienes muy buen estilo; tanto, que vuelve ligero un texto con tantas aristas que pueden desviar a la mente curiosa...
Felicidades! Y un cordial saludo...
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